Discurso pronunciado por el doctor Víctor Gómez Bergés  en la puesta en circulacion de la  Ii edición de “Solo la verdad”, de su autoría, en la Cancillería.

Damas y caballeros:

Publicar la II Edición de un libro treinta y tres años después de su primera aparición, si no es un caso único, por lo menos es muy extraño.

Las razones las conocerá el lector tan pronto tenga en sus manos esta nueva obra.

Los hechos históricos según su trascendencia quedan grabados en la conciencia de los pueblos y se hacen inolvidables y por tanto recurrentes.

De ahí el interés reiterado en el seno de la Organización de Estados Americanos por conocer en detalles lo que ocurrió en aquella convulsionada Asamblea de 1975, que necesitó siete rondas de votaciones para definirse lo que no había ocurrido nunca, ni tampoco después.

Ya esa parte se cubrió con éxito en Washington el pasado día 6 de este mes, con la presencia del Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Dr. Luis Almagro y los Embajadores de los países de América Latina y de República Dominicana Gedeón Santos ante la OEA y José Tomas Pérez ante la Casa Blanca.

Ahora vamos a hacer esta publicación en el País sin ninguna restricción y sin ningún riesgo.

“SOLO LA VERDAD” es uno de mis libros, escrito en Roma en 1984, nueve años después de las elecciones en la OEA en 1975, desempañándome como Embajador ante el Vaticano y editado en la “Tipografía Poliglota Vaticana” por autorización expresa de Su Santidad, San Juan Pablo II y no pudo ser conocido en nuestro País en su momento, por razones que verá el lector en esta misma edición.

Solo algunos pocos ejemplares que guardé en mi biblioteca subsistieron, como este que tengo en mis manos.

Nunca quise tocar el tema que se desarrolla en la obra, por causas muy personales como podrán ver esta tarde. Las razones fueron varias, pero más de orden nacional que internacional.

Cuando ocurrieron los hechos relatados en ella, el mundo atravesaba por un periodo de incertidumbre e intranquilidad llamado la “guerra fría”, fruto del enfrentamiento entre las dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética y con un componente muy particular en nuestro continente, pues coincidía con la vigencia del gran liderato del Dr. Fidel Castro Ruz en nuestros pueblos en esos tiempos y los gobiernos del Continente buscaban soluciones políticas para la paz, en vez de enfrentamientos entre nuestros países.

En medio de esa realidad, dos de las democracias más prestigiosas y estables del Continente, México y Costa Rica, preocupadas o inquietas por lo que se estaba viviendo, tomaron la iniciativa y propusieron para las elecciones de mayo de 1975, en que se iba a elegir el nuevo Secretario General de la OEA que sustituiría al destacado estadista y ex presidente de Ecuador, Dr. Galo Plaza, el nombre del autor del libro que estamos presentando esta tarde y a esos fines los Cancilleres Rabasa y Facio nos solicitaron tener una entrevista con el Dr. Balaguer, en ocasión de sus viajes al País junto a un nutrido grupo de cancilleres, 17 en total,  invitados a la tercera juramentación de éste como Presidente de la República, la que se celebró la noche del 16 de agosto de 1974 sugiriéndome el Presidente la hiciéramos antes de la recepción que se ofrecería esa noche a los invitados extranjeros y allí le plantearon la conveniencia de nuestra candidatura, a lo que éste accedió respondiéndoles, que era “un honor que el País no podía declinar”, agregando que convocaran la prensa y dieran la noticia esa misma noche en el Palacio Nacional antes de la recepción.

El presidente de República Dominicana, era como todo dominicano conoce, un hombre culto y de fino olfato, pero, dominante en su política interna y su canciller era un joven de 35 años, de ideas firmes y afines a las corrientes que reclamaba para la época la mayoría de los gobiernos del Continente, lo que conocía muy bien el Presidente y habían advertido los Cancilleres latinoamericanos después de más de tres años de ejercicio en nuestro cargo como Ministro de Relaciones Exteriores.

Comentar en este acto la entrevista del canciller Rabasa de México, Facio de Costa Rica y nosotros el 16 de agosto de 1975; la “licencia” de mediados de noviembre hasta el 1ro de enero después de la reunión de Quito; la extraña reunión de los  Países productores de azúcar con la presencia de Cuba en abril de 1975  en Puerto Plata; la crisis militar creada y que provocó la renuncia de los 4 jefes de las Fuerzas Armadas el mismo día de las primeras votaciones en la OEA; el ingreso apresurado de Granada días después para aumentar un miembro más al número de Países de la OEA; la gestión confesada a mí en presencia de mi esposa en el aeropuerto de Tokio años después, por el Embajador Ramón Castillo de las gestiones encomendadas a éste ante el lobista del gobierno de Estados Unidos, Señor Arenales, el día antes de las últimas votaciones, y le dijera a su contacto en el Departamento de Estado que “el candidato dominicano a la OEA no goza del apoyo del Gobierno Nacional”, son hechos que el lector conocerá con detalles en la lectura de este libro, así como las insólitas declaraciones de prensa del Embajador norteamericano William Maillart contra nuestra candidatura, constituyeron el golpe mortal a las aspiraciones dominicanas y que también aparecen íntegras en este libro.

Aquella etapa, estuvo rodeada de desconfianzas que mantenían la región cargada de inquietudes.

Luego de esas visitas y diversos contactos con diferentes gobiernos de la región, fue convocada para noviembre de 1974 la XV reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de América Latina la que se llevó a cabo en Quito, buscando un entendimiento entre la mayoría de los países del Continente para bajar las tensiones políticas creadas, la que abrió nuevas y esperanzadoras perspectivas en las relaciones de América Latina y Estados Unidos.

La votación de esa consulta explotaría en la reunión de Quito fue 12 votos a favor del levantamiento de las sanciones a Cuba, 3 en contra y 6 abstenciones.

Antes de partir a Quito había recabado como era de rigor, la opinión Presidencial sobre la posición dominicana en esa consulta, fue claro y me dijo: “vote con la mayoría y no tome liderato en la reunión”, lo que cumplí al pie de la letra. De manera que el Canciller dominicano cumplió las instrucciones del Presidente.

República Dominicana como se verá en el libro estuvo con la mayoría, como habían sido las instrucciones del Presidente.

México gobernado para la época por el Presidente Dr. Luis Echeverría Álvarez quien se había caracterizado durante su gestión de gobierno, por llevar una política internacional de apertura y defensa de los intereses de los países del Tercer Mundo y autor por demás, de la carta de los “Derechos y Deberes de los Estados”, documento al que se adhirió la mayoría de los Estados Americanos, tuvo la iniciativa junto a Colombia y Costa Rica después de lo advertido en la reunión de Quito, de iniciar un movimiento tendente a procurar el levantamiento de las sanciones a Cuba tal como se percibió en la mayoría de los Cancilleres presentes, impuestas en 1964 en la IX Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores celebrada en Washington y haber sido el único País del Continente que no acató la decisión de la OEA de romper relaciones con Cuba, por su apego al principio a la Doctrina Estrada.

Cuando comienzan las gestiones de México en ese sentido, los primeros pasos dados por el Presidente Echevarría, fue enviar a su Canciller Lic. Emilio Rabasa competente y talentoso diplomático a Washington, a entrevistarse con el Presidente Norteamericano Gerard Ford y el Secretario de Estado Henry Kissinger así como a otros países de la región en la búsqueda de una salida diplomática al panorama que vivía el Continente y de ese intercambio de pareceres se acordó, que Rabasa viajara a Colombia, otros países y nueva vez a Santo Domingo a los mismos fines, junto al canciller  de Costa Rica Gonzalo Facio, quienes se entrevistaron como ya vimos con el Presidente dominicano para tratar los mismos temas, pero además para plantearle formalmente al Presidente la conveniencia de postular a quien les dirige la palabra a la posición de Secretario General de la OEA, ponderando una serie de circunstancias que rodeaban el ambiente latinoamericano frente a Estados Unidos. En esa entrevista participó quien les habla, a invitación de las partes.

El Presidente aceptó la sugerencia considerándola “un gran honor para el País” y autoriza lanzar nuestro nombre a esos fines.

Pero viene entonces lo peor y lo que conllevó hasta el final de esta historia político-diplomática que contiene “SOLO LA VERDAD”, relatada sin ambages y que dejo en sus manos para que el lector conozca en detalle con fechas, nombres, lugares, hechos inauditos, rondas de votaciones, cantidad de votos, y puedan discutir en Mesas Redondas o Seminarios si así lo consideran y en nuestras Universidades los estudiantes de derecho y diplomacia la puedan analizar, pues para quien les habla es muy cuesta arriba recordar y hablar de este tema y en la obra está todo conocido y avalado con detalles y documentos.

Lo único distinto y desconocido que tiene esta Edición con la original de 1985 es el último capítulo, el XXIV, que recoge parte de las informaciones de prensa y editoriales nacionales e internacionales que circularon por el mundo y que logramos obtener aquí en los archivos de OGM del diario El Caribe, todos de la época 1975, elaborados por destacados periodistas dominicanos y extranjeros, publicados durante el proceso y que eran de interés para sus países y sus medios.

Igualmente, las dos páginas previas al capítulo final, con fotografías y reportajes de la primera puesta en circulación de esta obra.

En vuestras manos dejo pues, la II Edición de “SOLO LA VERDAD” para que los dominicanos conozcan los más mínimos detalles de este hecho diplomático único en nuestra historia.

Finalmente, quiero agradecer en nombre de toda mi familia y en el mío propio, al Canciller Ingeniero Miguel Vargas por sus palabras y por el valioso apoyo brindado para la organización de esta actividad, junto a su equipo de trabajo de la Dirección de Comunicaciones de esta Cancillería, que dirige el Embajador Hugo Beras.

Gracias por igual señor Canciller por patrocinar la circulación de esta obra en los salones de este Ministerio de Relaciones Exteriores, cuyas instalaciones fueron testigo de excepción de los acontecimientos que se narran en la misma y a una personalidad e historiador orgullo de nuestras letras, el Dr. Roberto Cassá, Director del Archivo General de la Nación, por el conceptuoso prólogo escrito para la misma.

Muchas gracias.
Discurso pronunciado por el Dr. Víctor Gómez Bergés en la puesta en circulación de la II Edición de “SOLO LA VERDAD”, en el Ministerio de Relaciones Exteriores. República Dominicana /jueves 23 de noviembre 2017.

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