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A propósito del bombardeo de “comunicadores” que desconocen la esencia del periodismo, he querido escribir desde hace días sobre algo que todos los que estudiamos la carrera sabemos desde nuestro paso por las aulas en la universidad: el periodista no debe ser la noticia.
Desde que la era de la tecnología ha dado la oportunidad a la ciudadanía del mundo de convertir su vida en una vitrina sin discriminar ni sus asuntos personales, el oficio no ha escapado a esta realidad, porque todo aquel que tiene el privilegio de hablar a través de un medio se considera un experto y estratega de una carrera que tiene sus reglas y sus códigos.
Suelo conversar sobre el tema en cuestión con amigos, conocidos y colegas. A veces hasta los invito a hacer el ejercicio de analizar el comportamiento de un profesional del oficio que sí se ha formado y de otro que solo lo haya hecho de modo empírico: créanme, la diferencia es abismal y se percibe hasta en la forma en que un “colega” conduce una entrevista.
Sé que insisto mucho en el tema, pero es porque me duele en lo que se han convertido los medios locales, en lo que abunda en las redes sociales y en la importancia que han empezado a dar medios de gran importancia a temas que no aportan nada a la sociedad, y los que ventilan sencillamente porque son virales y deben montarse en la ola “sacarlos a la luz”, sin importar que los protagonistas de ese “hecho noticioso” sean figuras cargadas de antivalores.
A mis colegas les digo que hay un reto muy fuerte que enfrentar ante la existencia misma de la facilidad que nos proporcionan las plataformas digitales de poder, incluso, crear contenido propio, hacerlo no está mal por la independencia de criterio que nos brinda, pero lo peligroso es si se cae en la ola de irrespetar la esencia del oficio, sus reglas y sus códigos.
Quien entiende lo expuesto y sabe conducirse, comprenderá que nunca debemos sacar provecho personal de estar en un medio o de ejercer el oficio para avasallar, manipular o hacernos sentir según intereses ajenos a la esencia misma del periodismo.
Finalmente, sé que la vocación real no abraza el ego ni el afán de ser protagonista de un hecho, lo que me hace recordar esa frase que utilizó Al Pacino en una de mis escenas favoritas de la película “El abogado del Diablo”, cuando dijo: “Oh vanidad, uno de mis pecados favoritos” y, con esto les digo a quienes ejercen, sean o no del área: el periodista no debe ser la noticia.
¡Gracias por leerme!
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