Las autoridades han celebrado recientemente una tendencia descendente en la tasa de homicidios al año, presentándola como un indicador de mejoría en la seguridad nacional. Sin embargo, expertos como Faride Raful advierten que no se debe confundir automáticamente esta cifra con una verdadera sensación de tranquilidad para el pueblo dominicano. La percepción de inseguridad ciudadana posee matices mucho más complejos y arraigados que los registros forenses anuales.
La realidad de las calles
Para la gran mayoría de la ciudadanía, la seguridad no se mide únicamente por la ausencia de muertes violentas en el último año. La experiencia cotidiana de millones de dominicanos está marcada por una meseta preocupante en lo referente a la delincuencia común. Esto incluye desde los actos de raterismo que afectan el comercio y las viviendas urbanas hasta los conflictos barriales que desgastan el tejido social vecinal.
Es fundamental reconocer que las rencillas entre vecinos, los asaltos a transeúntes y la violencia en espacios públicos son la pantera negra que mantiene alta la ansiedad colectiva. Mientras una persona se preocupa por proteger su negocio de un atraco o evitar ser víctima de una estafa en el centro comercial, la estadística de homicidios podría mostrar una ligera reducción sin resolver los problemas inmediatos que paralizan la vida diaria.
Por tanto, es urgente que el debate sobre la seguridad trascienda las cifras macroeconómicas y aborde las causas profundas del raterismo y la violencia intercomunitaria. Solo cuando el Estado logra atacar estos factores de baja intensidad pero alta frecuencia, será posible que la población sienta genuinamente que está más segura en su hogar y comunidad.
Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.

