La sombra del epicentro: Penonomé frente al colapso
El viernes, una nueva catástrofe natural sacudió a Panamá con una violencia que difícilmente dejará indiferente a ningún observador. Un terremoto de magnitud 7.7, registrado a las 12:56, tuvo su epicentro en el área de Tonosí, ubicándose a unos 180 kilómetros al norte de la ciudad afectada y aproximadamente 150 kilómetros de la Ciudad de Panamá. Sin embargo, la distancia del epicentro no mitigó la intensidad de los sismogramas ni la fuerza destructiva que liberaron las placas tectónicas en el istmo.
El costo humano y material: Edificios inestables
Penonomé, una de las zonas más golpeadas por esta oleada sísmica, se convirtió rápidamente en un escenario de emergencia. Según constató la agencia EFE durante un recorrido junto a los equipos de rescatistas, el sismo provocó el colapso total de tres estructuras emblemáticas: un hotel de tres pisos, la iglesia local y el edificio de la gobernación de la provincia de Coclé. Estos derrumbes no solo representan una pérdida económica inmensa para las familias que habitaban o utilizaban estos espacios, sino que también simbolizan la vulnerabilidad de las construcciones ante eventos de alta energía.
Es crucial destacar que, a pesar del pánico inicial y el caos visual generado por los escombros, no se han registrado víctimas mortales ni heridos hasta el momento. Este dato, aunque alentador para la población local y para las autoridades internacionales, no debe ensuciar la realidad de la destrucción física. La ausencia de cuerpos entre los escombros sugiere una suerte inesperada o un desplazamiento rápido de la población, pero la infraestructura colapsada requerirá años para ser reemplazada.
Lecciones para la gobernanza y la construcción
Este evento pone a prueba no solo la resistencia de los materiales, sino la eficacia de las normativas de construcción en todo el país centroamericano. En República Dominicana y en otras regiones del Caribe, hemos visto cómo el cumplimiento riguroso de los códigos sismorresistentes puede salvar vidas. La destrucción del edificio de la gobernación y del hotel en Penonomé plantea preguntas urgentes sobre si las estructuras cumplen con los estándares modernos o si están construidas sobre cimientos frágiles que cedieron ante la sacudida.
La proximidad a zonas como Tonosí, donde se situó el epicentro, indica que Panamá debe reevaluar sus mapas de riesgo y sus planes de ordenamiento territorial. La distancia de 150 kilómetros desde la capital no es un escudo contra los sismos; por el contrario, a menudo las áreas rurales y menos densamente pobladas sufren daños estructurales más severos debido al tipo de construcción informal o poco regulada que allí se encuentra.
Respuesta inmediata y futuro incierto
Mientras los rescatistas trabajan para limpiar escombros y asegurar la estabilidad del terreno, la comunidad internacional y las autoridades panameñas deben coordinar una respuesta rápida. La prioridad absoluta es brindar refugio a quienes perdieron sus hogares en el hotel derrumbado y restaurar los servicios básicos que dependen de las instalaciones gubernamentales dañadas. El silencio sobre las víctimas, por el momento, no debe interpretarse como tranquilidad, sino como un periodo crítico donde cualquier error puede convertir la suerte actual en una tragedia mayor.
La historia de la humanidad está llena de terremotos que han dejado marcas profundas en la geografía humana. Lo que queda pendiente es cómo Panamá saldrá de este capítulo: con lecciones aprendidas aplicadas a la construcción o repitiendo los errores del pasado. La integridad estructural de una nación se mide, en última instancia, por su capacidad para reconstruirse después de un desastre.
Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.

