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    EL AUTOR es empresario y político. Reside en Santo Domingo.

    Después de una temporada de intensa ebullición política, se impone la necesidad de un respiro para aprovechar la calma en concentrarnos a resolver las principales urgencias del momento.

    Las grandes crisis requieren de grandes sacrificios y de grandes acuerdos para salir airosos de ellas.

    Ello exige superar la supremacía del yo sobre sobre el nosotros y dejar atrás la predominancia del afán protagónico, para dar lugar a la preocupación por el interés nacional. Ahora todos los dominicanos debemos ser de un solo bando: el de los interesados en que el país salga hacia adelante.

    El cambio de gobierno nos ha traído un gobierno de cambios; cambios en el adecentamiento de la vida política, de la vida institucional y la creación de un ambiente social más respirable desde el punto de vista ético y moral.

    Pero este proceso de cambio coincide con el agravamiento de la pandemia de COVID-19, la gran crisis global de salud de este siglo, y  el país requiere que enfrentemos juntos esta pandemia, dando más recursos a nuestro sistema de salud para contener el virus.

    Yo, que también soy un médico y un activista social sin militancia partidista, creo que la emergencia que estamos viviendo nos reclama a todos menos política y más solidaridad. Lo contrario significaría amenazar la salud y vida de millones de dominicanos.

    Todo lo anterior se combina con un país desfondado y desfalcado;  endeudado hasta la coronilla, con el turismo por el suelo y con miles de desempleados y empresas que no saben cuándo volverán a la normalidad. En esta situación, es necesario suspender la confrontación y actuar unidos en lo inmediato. No hacerlo podría descarrilar el tren del país donde todos vamos como pasajeros.

    Debemos hacer un paréntesis en las confrontaciones, hacer una pausa para lidiar con todos los problemas y esfuerzos y recursos posibles que reclaman estas crisis. La situación de emergencia nacional nos convoca a todos a la unión, dejando de lado la politización y la polarización que impregna todas las áreas. Solo los desaprensivos y necios se pueden sentir incómodos en un marco de paz, confraternidad y unidad.

    No le dediquemos tiempo al resentimiento, la división y la maldad. En estos 100 días de tregua política que pedimos, hay que abandonar ese tono incendiario de crispación y enfrentamiento que satura las redes sociales.

    La preocupación por la situación económica del país, su endeudamiento externo y el saqueo de que fue víctima, deben ocupar la agenda política del país.

    Pero  en el enjuiciamiento de los que se cometieron actos de corrupción, debe respetar los debidos procesos, sin salcochar expedientes a la carrera en una olla a presión, por lo que tendremos que ser pacientes.

    La ciudadanía reclama un liderazgo responsable, sereno y ecuánime, comprometido con la paz social para reencauzar el país por la senda de la prosperidad y la justicia, sabiendo que el éxito de nuestro gobierno será un triunfo de todos.

    JPM

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