La Policía Nacional, en su rol de auxiliar de la justicia, tiene la misión de salvaguardar la seguridad ciudadana, prevenir y controlar los crímenes y delitos e investigar las infracciones penales bajo la dirección del Ministerio Público, así como mantener el orden público y proteger el libre ejercicio de los derechos ciudadanos.

    En ningún texto sustantivo o adjetivo se otorga a esa institución la calidad de agredir física o moralmente a las personas ni aplicar la ley del garrote o la represión, como se ha denunciado con preocupante frecuencia en los últimos días.

    En las redes sociales circulan vídeos de agentes policiales que golpean o ejercen fuerza desmedida contra ciudadanos indefensos a los que acusan de violar el toque de queda, como fue el caso de dos jóvenes abofeteados e introducidos violentamente en la parte trasera de una camioneta policial.

    En otros vídeos se observa a un policía estrellar contra el pavimento a un joven y en otra incidencia grabada por un transeúnte se ve a integrantes de una patrulla maltratar a un ciclista en la puerta de su hogar y en presencia de sus familiares, como si se tratara de un peligroso delincuente.

    Cada vez que los agentes policiales, por cumplir con su deber, son objeto de escarnio o atropello verbal por oficiales o multitudes han recibido la solidaridad de la opinión pública, de la misma manera que se censura el comportamiento agresivo o abusivo en que incurren no pocos miembros de esa institución.

    Mucha de la gente que la Policía sorprende en las calles después de iniciado el toque de queda, alegan que han confrontado problemas para abordar un vehículo público de concho, colectivo o el Metro, razón suficiente para que las autoridades ofrezcan una dosis mayor de comprensión.

    Ingresar al interior de un inmueble para apresar y desconsiderar a personas que pernoctan allí es el colmo de los abusos, porque -se repite- la violación del toque de queda es una infracción de tipo correccional, no criminal, que solo conlleva la imposición de una multa.

    Se admite que los agentes policiales están agotados tras casi diez meses de intensa labor para garantizar el confinamiento ciudadano a causa de la pandemia, pero la gente también está cansada del toque de queda y de los cierres de negocios, por lo que se requiere que la ciudadanía respete el protocolo de prevención del coronavirus, pero también que la institución del orden cese los abusos.



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