Estos calurosos días hacen inevitable que aflore el preocupante tema del calentamiento global y los cambios que vienen ocurriendo en la Tierra, sin que el mundo reaccione en consonancia con la dimensión del problema.

    Ya las agencias internacionales que estudian el comportamiento del clima certificaron que julio fue el mes más caluroso de los últimos tiempos, con temperaturas récords en todas partes, desde los trópicos hasta las zonas extremas.

    Sólo en Holanda los resultados son catastróficos. El viernes, la Oficina Central de Estadísticas de Holanda reveló que la ola de calor provocó 400 muertos más que el promedio en una semana media de verano.

    Asimismo, vemos cómo el calentamiento provoca grandes deshielos en las zonas árticas y en áreas tan remotas y siempre gélidas de Rusia; cómo diversas comunidades están siendo transformadas por cambios impresionantes, que dificultan la vida a quienes las habitan.

    Preocupaciones por todas partes. Y un despertar interesante que ya gana terreno entre las jóvenes generaciones. De hecho, la mayor resistencia en Brasil al anuncio del presidente Jair Bolsonaro de explotar la Amazonía la protagoniza la juventud.

    En República Dominicana los reportes sobre disminución de cauces de ríos y arroyos son alarmantes. El país no ha salido de una sequía dura por largos períodos. La temporada ciclónica apenas se ha hecho sentir con algunas vaguadas y aguaceros dispersos. Las aguas escasean en todas las regiones.

    La Tierra está trastocada y el cambio climático es más que evidente. Ayer de nuevo el Comité de Emergencia y Seguridad de la Corporación de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) alertó sobre los “acentuados efectos” de la sequía, que genera un déficit de 70 millones de galones de agua en el Gran Santo Domingo. Hay también noticias parecidas provenientes de Santiago.

    El país tiene que reaccionar ante un problema global que nos afecta y que incluso se refleja en los mares, no sólo por la contaminación provocada por los plásticos, sino por el crecimiento de sus aguas y el impacto en las playas, fundamentales para países como República Dominicana.



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