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    EL AUTOR es odontólogo, escritor y diplomático. Reside en España.

    En medio de las conflagraciones de aquella guerra civil, ambos mandos intercambiaron acusaciones severas de asesinatos y desapariciones lo que parecía llevar al país hacia un poniente sin esperanza de un nuevo nacimiento del sol a cielo nublado y ante un amanecer sin el cantar del alba. Es bueno hacer acopio de lo que, a este respecto, para catalogar aquella guerra fratricida, señala el magno escritor español Arturo Pérez-Reverte en su más reciente novela Línea de fuego, cuando afirma que fueron los tiempos sangrientos en que “(…) Lo malo de estas guerras era que oías al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú” -modelos de sintagmas ajustados al texto-.

    Todo aquel conflicto vendría a resolverse entre un acuerdo histórico que tuvo lugar el 29 de diciembre de 1978 tras el referéndum constitucional y ratificación del 6 de diciembre de este mismo año. España así se consolidaba como una indisoluble nación bien estructurada en términos geográficos e institucionales, y ponía de manifiesto la modalidad de las comunidades autónomas, las cuales a su vez estarían divididas en provincias y éstas últimas en municipios; fue instantáneamente abolido el régimen dictatorial, sustituido, al mismo tiempo, por el del Estado social y democrático de derecho y estado de bienestar cuyo poder político recae en el pueblo y cuya forma de gobierno está representada por la monarquía parlamentaria amparada en las Leyes Derogatorias y Fundamentales del Reino. Así, es el rey el jefe del Estado; el sufragio -derecho al voto- es universal, y la división de poderes, además de este fuerte social, contempla: Las Cortes Generales (que está representada por el pueblo soberano, figura bicameral encarnada por los miembros del Congreso de los Diputados y del Senado, las cuales a su vez son parte del poder legislativo.

    Éstos tienen la alta responsabilidad política de escoger quién será el presidente del gobierno de España y, del mismo modo, cesarle en ejercicio a través de la figura moción de censura o cuestión de confianza cuando hubiera de considerarse que el mismo -el presidente- hubiera caído en fallas graves ante la nación.

    De 1978 a 2014 España estuvo representada por dos fuertes partidos políticos, principalmente: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP), este último estructurado a partir de la desaparición de la confederación de partidos Alianza Popular. Protagonistas de aquella significativa gesta de 1978 fueron el sevillano Don Felipe González Márquez y el polifacéticoy político lucense Don Manuel Fraga Iribame. Además, entre otros tantos, se contaba el gijonés Don Santiago José Carrillo Solares (secretario general del PCE), siempre en broma acusado por sus detractores de ser el comunista preferido de Don Juan Carlos I por tener el espíritu de un izquierdista monáquico confeso; y por supuesto, los otros dos gigantes del histórico acuerdo constitucional de España: el mismo Don  Juan Carlos I y Don Adolfo Suárez González, siendo éste último nombrado por el primero, presidente del gobierno provisional en 1976, tras la muerte de Franco, y así dar paso a la transición que habría de concluir con aquel memorable acuerdo del ´78 -del siglo XX pasado- y construir una democracia sana, fuerte, vigorosa, inclusiva, indoblegable y de futuro.

    Felipe VI, rey de España

    En 2015, tras las nuevas manifestaciones catalanas y el 15-M, entraron al escenario político dos nuevas Fuerzas que le reclamaron a estos partidos históricos espacio, convirtiendo el gusto del sufragante español en una especie de ánimo llamado que acudía al coloreado tetraedro de la nueva escena política que, hasta ciertos años -hasta el 2018 específicamente- marcó un gran repunte pero que al 2020 ya había decaído significativamente ante los cuestionamientos de un gran número (millones) de españoles.

    Estas dos fuerzas emergentes son denominadas Ciudadanos, presidido en sus inicios por Alberto Carlos Rivera Díaz (Albert Rivera) y hoy por Inés Arrimadas García, y Podemos, cuyo secretario general es, desde sus inicios, Pablo Iglesias Turión, partido éste sobrecogido bajo un espectral de gamas y formas y representantes infinitos que mermó en forma significativa tras la salida de su verdadero hombre clave: Íñigo Errejón Galván, quien formaría a su salida el partido Más País.

    Era necesario hacer estas aseveraciones previas. Vayamos ahora a la parte más esencial del discurso del rey Don Felipe VI y por qué, a nuestro modo de ver, ha sido una alocución magistral.

    Se trataba de uno de los discursos más esperados por los españoles debido a ciertas acusaciones aún infundadas en contra de su padre el rey emérito por parte de los representantes de Podemos, más directamente, de Pablo Iglesias. En torno a esta especie en el periódico ABC de España, del 19 de diciembre de 2020, en un artículo, a formato de entrevista, de la periodista Gregoria Caro, se acusaba al dirigente de Podemos de estar, en la actualidad, intensificando los ataques contra el rey emérito para “dar paso a una nueva República”, afirmación que encarna una grave percepción en cuanto a cómo, hasta hace cierto tiempo, parte del electorado veía a Iglesias y cómo lo concibe hoy; ceñidos, en los recuerdos y pieles de cada español, los recuerdos de la Guerra civil de 1936 al ´39.

    Observemos que uno de los principales pujantes de la moción de censura a Don Mariano Rajoy Brey, entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 2018, fue Pablo Iglesias, lo que llevó a Pedro Sánchez Pérez-Castejón a la presidencia del gobierno el 2 de junio de este mismo año y que, pese a Podemos ir en decadencia notoria, logró aquél (Iglesias), hacerse con una de las vicepresidencias del gobierno de Pedro Sánchez tras éste (Sánchez) salir triunfante en las elecciones celebradas el 12 de enero de 2020, posterior a recibir el encargo del rey Felipe y someterse al debate de investidura cuyo resultado obtenido fue el de 167 votos por los señores miembros del Congreso de los Diputados. Nos consta que el actual presidente de gobierno ha asumido con responsabilidad y entrega su labor de gobernante.

    Pero volviendo a lo de Don Juan Carlos I, aún vaga por nuestras mentes cómo algunos medios se hicieron eco del viaje del rey emérito a la República Dominicana, todo un despliegue de información agitada y vacua, a lo que, con mucha razón, el periódico El País denominó: “Un viaje secreto poco discreto”, en la pluma de Manuel González, publicado el 11 de agosto de 2020, porque, en realidad, era aquello lo que ciertos medios buscaban: desprestigiar a un líder como Don Juan Carlos I, que en aquellos oscuros años de la década del ´70, dio a España, junto a sus prestos contemporáneos políticos, un modo de convivencia envidiable que al través de los años ha perdurado y que, con el decidido concurso, tanto del Partido Socialista Obrero Español, hoy a la luz del liderazgo de Pedro Sánchez, como del Partido Popular, cuyo liderazgo encarna Pablo Casado Blanco, ha sido protegido, fortalecido e innegablemente mejorado.

    En el mencionado discurso, casi todos los periódicos españoles y muchos de los diarios europeos dieron en su caja de resonancia por la supuesta no mención de su padre por parte del rey Felipe esta Navidad, pero sí que lo hizo, y de forma contundente, aunque implícita y sabia, y por supuesto, del mismo modo, mencionó a Podemos y acotó la situación intermitente aún vivida con Cataluña y los pálpitos aún vigentes sobre el referéndum infructífero del 1 de octubre del 2017 y que aún se libra en las cortes españolas. Veamos la figura retórica a la que acude el rey y observemos la significación de esta.

    LA PARTE MAS IMPORTANTE

    Es aquí donde viene la parte más importante del discurso: “Contamos sobre todo con nuestro sistema de convivencia democrática. (…) Nuestra Constitución nos garantiza nuestro modo de entender la vida, y del ser humano. De su seguridad, de sus derechos y libertades; una Constitución que todos tenemos el deber de respetar. Y que en nuestro días es el fundamento de nuestra convivencia social, política, y que representa en nuestra historia un éxito de y para la democracia y la libertad. No olvidemos que los avances del progreso conseguidos en democracia son el resultado del reencuentro y del pacto entre los españoles después de un largo período ante enfrentamientos y divisiones. Son el resultado de querer mirar juntos hacia el futuro; unidos en los valores democráticos, unidos siempre en un espíritu; siempre integrados en el respeto a la pluralidad y a las diferencias y en la capacidad de dialogar y alcanzar acuerdos. Son principios que no pierden nunca vigencia por el paso de los años. Y junto a nuestros principios democráticos y el deber de cumplir las leyes, necesitamos también preservar los valores éticos que están en las raíces de nuestra sociedad. -Y continúa el rey-: Ya en el 2014 me referí a los principios morales y éticos que nuestros ciudadanos reclaman de nuestra conducta. Unos principios que nos obligan a todos, sin excepciones, y que están por encima de la consideración de la naturaleza que sea, incluso de las personales y familiares. Así lo he entendido siempre en coherencia con mis convicciones, con la forma de entender mis responsabilidades como Jefe del Estado y con el espíritu renovador que inspira mi reinado desde el primer día. Pero, y estoy seguro, de que vamos a seguir adelante con esfuerzo, unión y solidaridad; España saldrá adelante, con todos y para todos. Como rey, yo estré con todos y para todos, no sólo porque es mi deber y mi convicción, sino porque es mi compromiso con todos vosotros… y con España. (Al final felicita por la Navidad y nuevo año a su pueblo y despide su oratoria).

    Si hemos leído bien el preámbulo de este artículo, los puntos específicos de la pieza del orador, y los apuntes escogidos sobre historia de España, seremos capaces de interpretar claramente qué celebró, qué refirió y a qué y a quiénes el rey Felipe VI hizo llamado de atención. Con  él, con Don Felipe, usted podrá tener la diferencia que pudiera tener, pero estamos contestes de que, Su Majestad, innegablemente, ha sido hasta ahora, un excelente Jefe de Estado, y un rey justo, extraordinariamente culto y hasta la mayor transparencia y aplicación de esa justicia, correcto.

    dr.manuelmejia14@hotmail.com

    JPM

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