Siempre en enero publico las que considero personas destacadas del año pasado. Durante 12 meses voy observando y eligiendo. Es algo muy personal. No son celebridades: sus acciones fueron heroicas, aunque pasaran desapercibidas. Ahora, con la pandemia, mi selección tiene características especiales.

    No pretendo competir con “otros listados” generalmente compuestos por famosos con suficientes méritos para ser galardonados, donde se motiva o resalta el servicio al prójimo. Inicio.

    – Martha, con enorme sacrificio, terminó sus estudios de enfermería. Hizo malabares para conseguir trabajo en un hospital donde, emulando a Hipócrates, la voluntad de los empleados suplía las carencias materiales. Allí llegaron los primeros pacientes del COVID-19. Martha, con poca experiencia y escasísimos recursos, pero con mucho amor, buscó la manera de socorrerlos, sin pensar en horario o cansancio. Pronto se contagió y falleció minutos después del último enfermo que atendió.

    – Gerardo es cabo de la Policía Nacional. Quiere superarse cumpliendo su deber. Es responsable de mantener a sus padres a los que casi no ve, pues todas las noches sale a patrullar para que se respete el toque de queda impuesto por motivo del virus. Amanece en las calles, arriesgando su vida para que otros preserven las suyas. Algunos de sus vecinos lo miran mal e incluso lo culpan de que no pueden hacer fiestas y beber romo.

    – Ana, que apenas llegó a tercer grado de primaria, es madre de dos niños que reciben clases virtuales escolares. Sus críos le piden ayuda hasta para encender la portátil. Se mantienen juntos frente a la pantalla, ella para intentar explicarles, ellos confiando en la sabiduría de su progenitora. Por más que se esfuerzan, entienden poco. Esconde su desesperación, guarda silencio y continúa con paciencia al lado de sus retoños, que algo al final aprenderán.

    – Su excompañero le dijo que la mataría si no volvían a juntarse. Ella se le escapó: no aguantaba más golpes y humillaciones. Prefirió quedarse sola con sus cuatro hijos pequeños. Para sobrevivir, se levantaba todos los días a las cinco de la mañana y se dirigía al mercado. En el basurero buscaba lo que sea para llevar a sus vástagos. Su expareja la perseguía y la amenazaba con asesinarla. Ella puso la querella y no le hicieron caso y casi de inmediato, en un acto cobarde y ruin, él le propinó 2 puñaladas mortales.

    Estos son los que recibirán mis coronas de laureles del año que nos dejó, un tiempo de dificultades nunca vistas, que esperamos se solucionen lo más pronto posible. No olvidemos que los anónimos, los sin voz, también pueden darnos grandes ejemplos. Valoremos y emulemos su trayectoria. Hacerlo es un acto de justicia.



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