Poco le ha ocurrido a Estados Unidos, que cometió el error de elegir a una persona como Donald Trump, sin ningún principio más allá de su ambición denodada por alcanzar el poder por el poder.
    Poco pasó durante cuatro años bajo la férula de un hombre que cultivó el odio como herramienta para ejercer un oficio tan noble como la política. Pudieron ocurrir hechos mayores contra los negros, contra lo que queda de la población original, contra los latinos o cualquier otra minoría tenida a menos.

    Y por fortuna, más allá de su violencia verbal, de convertir en bandera la animosidad contra países con elevadas vocaciones para la paz, la convivencia pacífica, el desarrollo y el avance de la humanidad, nada terminó en mayores.

    Un hombre que adjuró de valores fundamentales como la tolerancia, que hostigó a las mujeres y ridiculizó incluso a quienes defendiendo las causas de su país cayeron en combate. Su burla a las políticas contra el cambio climático, la promoción del descrédito de las Naciones Unidas (ONU) y sus agencias, como la Unesco, la OMS, esencial para la promoción de políticas globales para la preservación de la salud universal. Y en paralelo, desprestigiar a la Organización Mundial de Comercio (OMC), o pretender destruir la multilateralidad y el intercambio bajo las reglas de la libre concurrencia al mercado, generalmente consensuadas o ya establecidas.

    Y al mismo tiempo, temeroso de las amenazas reales, mediante la cercanía incomprensible con ciudadanos como Kim Jong-un, aliado inevitable de China por elemental solidaridad y vecindad. Una política de doble cara que no conducía a ningún lado más allá del entretenimiento político interno.

    Practicar el aislacionismo, renunciar a la solidaridad y al humanismo como parte del componente bueno de la política exterior del gran imperio, bajo el falso discurso de devolver los empleos y elevar la calidad de vida a los estadounidenses, mientras ponía todo su empeñó en desmontar el mejor seguro médico posible auspiciado por Barack Obama.

    En fin, que la invasión al Capitolio fue lo menos. Fue la paga del grave pecado original de esa gran nación, al cometer el error de elegir el absurdo, cuando pudo escoger a una propuesta como la de Hillary Clinton.



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