No hace demasiado tiempo, solamente algo más de doce años, que la Cámara de Cuentas de la República fue estremecida con escándalos que pocos querían admitir, lo que dio lugar a la intervención del Congreso y se iniciara un juicio político contra su presidente y la mayoría de sus miembros, que al final renunciaron en medio del proceso.
    Ahora nos encontramos en otra situación desconcertante que envuelve a la totalidad de los miembros de ese cuerpo, sometidos a una investigación criminal que ayer tuvo un escalamiento, el allanamiento del edificio sede. ¡Impresionante! El Ministerio Público, con 22 fiscales y un amplio dispositivo policial en un allanamiento a la Cámara de Cuentas de la República. Un acontecimiento histórico.

    Los responsables de la investigación criminal en el país persiguen a los miembros titulares de la Cámara de Cuentas y a otros funcionarios por presuntamente incurrir en obstrucción a la justicia, falsificación de documentos públicos, asociación de malhechores, complicidad en los tipos penales de desfalco, estafa contra el Estado y lavado de activos provenientes de actos de corrupción.

    Gravísimo. Tanto, que el titular de la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (PEPCA) Wilson Camacho ha dicho que la “Cámara de Cuentas ha sido cómplice de corrupción y ha actuado en contra de la democracia.”

    Y resulta que la Cámara de Cuentas es un pilar de la democracia con rango constitucional, que según el artículo 248 de la Constitución “es el órgano superior externo de control fiscal de los recursos públicos, de los procesos administrativos y del patrimonio del Estado. Tiene personalidad jurídica, carácter técnico y goza de autonomía administrativa, operativa y presupuestaria.”

    ¡Es un horror! ¿Cómo es posible?

    No vamos a condenar a nadie. No vamos a declarar culpables a los titulares de la Cámara de Cuentas, pero solamente con ver, observar lo que ocurre, es inevitable preguntarse hasta dónde se había llegado en la descomposición institucional de la Nación.

    Podría decirse que lo nuevo es la iniciativa anticorrupción. Pero está más que claro una degradación que viene de atrás, desde que se empezó a manipular los órganos del Estado por conveniencia para encubrir la corrupción y con ella obtener beneficios políticos en la búsqueda de la perpetuación en el poder.

    ¡Qué vergüenza!

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