Hará dos semanas, o menos, que alguna gente empezó a pensar que la investigación criminal conducente a descubrir los desfalcos contra el erario iba por mal camino y que el país se encontraba en uno de los lugares comunes en los cuales esas iniciativas formaban parte del juego político.
    Los hechos del pasado fin de semana, que dieron lugar a la detención del general Adán Cáceres Silvestre y compartes, desmienten lo que empezaba a ser una percepción. De hecho, en segmentos de la sociedad civil empezaron a formarse ideas que sugerían la necesidad de un relanzamiento del movimiento anti corrupción.

    Pero hay evidencias muy específicas indicadoras de que el gobierno está decidido a profundizar su compromiso con la erradicación de las acciones delictivas en el manejo de los recursos del Estado y con el desempeño decente de la función. La actuación frente a los casos escandalosos desde el 16 de agosto a la fecha es un mensaje adecuado. Sin embargo, hay que anotar que no es una tarea simple ni de un día. Es una marcha que no tiene fin y que solo cuando se haya llegado al término del período y se pase balance, se sabrá si la apuesta es decididamente firme.

    El acto de ayer por el Día Nacional de la Ética Ciudadana es una expresión de reafirmación del compromiso. Las palabras del presidente Luis Abinader son más que comprometedoras. Indicadoras de que “no hay marcha atrás”, que se ha iniciado un camino en el que se busca sentar las bases de una gobernanza ética.

    Es un discurso persistente en una dirección y no debe ser traicionado por quienes acompañan al Presidente en el tren público. Sus palabras son categóricas, rotundas y definitivas, acerca de la necesidad de que sus colaboradores se manejen con transparencia, pulcritud y decencia, en atención al Código de Ética que promueve el ministerio de Administración Pública.

    Su pedido no podía ser más contundente: “…cualquier funcionario que piense que no puede cumplir con este código de ética que renuncie hoy, renuncie hoy porque no vamos a aceptar ninguna otra acción que no sea la de cumplir ese código de ética con el cual estamos comprometidos con nuestros principios y con el país”.

    El mensaje no puede ser más claro.



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