En su edición de ayer elCaribe publicó una nota, originada en Santiago, que tiene muchas implicaciones porque enmarca múltiples amenazas y peligros futuros.
    La información fue basada en una preocupación externada por el director de la Defensa Civil en Santiago, Francisco Arias, acerca de la construcción de casas en zonas de alto riesgo.

    Según la queja del funcionario del organismo de socorro, es una práctica de los últimos tiempos ejecutada por personas desaprensivas construir casuchas en cañadas y arroyos. Son frágiles viviendas construidas en madera y techadas de zinc, levantadas en el trayecto del cauce de los afluentes donde se realizan las construcciones.

    Se trata de una práctica doblemente negativa, y no exclusiva de Santiago, sino más bien una muestra de un comportamiento generalizado en las ciudades en las que se producen asentamientos informales alrededor de ríos, arroyos y cañadas.

    Sus dos resultados negativos son que, por un lado, se habita una zona con un inminente peligro de inundación en tiempos de crecidas de los afluentes invadidos por la población. Es una ley de la naturaleza que los ríos y arroyos vuelven por sus cauces en algún momento. Hacer viviendas en áreas que fueron cauces de esa fuentes es además de imprudente, un desafío. Es como crear un pasivo ambiental, fabricar una contingencia, un problema cuya solución casi siempre termina en reclamo para el Gobierno cuando se produce algún fenómeno, casi siempre catastrófico.

    El otro problema que se deriva de la práctica es de tipo medioambiental, pues terminan esos tipos de hábitat improvisados convirtiéndose en focos de contaminación que además de matar los afluentes en cuyas cercanías se construyen, también se tornan en focos de insalubridad.

    Las alcaldías y el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales deben asumir un papel activo, vigilante y decidido a evitar que se continúen utilizando terrenos en torno a ríos, arroyos y cañadas para levantar villorrios con potencial de convertirse en centros de tragedias. Actuar desde el principio, antes de que se erijan casas que luego sean motivo de alegar derechos adquiridos, o de reclamos cuando ocurren inundaciones, deslizamientos y otras consecuencias de fenómenos naturales cuando se vive en extrema vulnerabilidad.

    Es mejor que se les critique por actuar preventivamente para evitar males y no porque acudan a auxiliar o socorrer.



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