Perdónenme por esta vez, pero debo decir que el lunes también es bueno para filosofar, a propósito de que ayer esperé la noche en el Malecón, de cara al mar, y reiteré mi convicción de que el atardecer no es un hecho trivial, pues el final de cada día nunca es igual al anterior; porque cada día envejece un poco el sol; porque las nubes no pintan con los mismos tonos de luz las mismas montañas, ni los mismos conejos, ni los mismos pájaros de cristal, ni los mismos monstruos que se burlan de su propia fugacidad… (Pero, eso sí, todo atardecer en este hermoso país te hace sentir que vale la pena vivir).

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