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ESTO PIENSO, ESTO CREO – El Nacional


Fue un milagro o le dijeron algo bueno al enigmático

De inicio y final nos gustaría ser adivino, aunque esto no existe, más bien saber o dejar correr el tiempo para saberlo. Conocer el porqué de cosas en apariencias simples, pero que engendran verdades ocultas con las cuales el carácter o comportamiento de una persona, cambia radicalmente, ya sea para bien o para mal, aunque esto último, es lo que se merecen.

Taimado y ruin; burlón; permisivo y cínico en la negación de hechos o conocimientos de los mismos, sin sonrojarse siquiera. Este comportamiento fue el que vivimos durante ocho años sin que el aspirante a dictador diera muestra de querer cambiar. Ambicioso como el que más y sádico para ocultarlo. Rodeado de fieras muy parecidas a él en el comportamiento y actitudes, en la negación de la verdad por mas resplandeciente que se presentara, para lo cual utilizaron miles de millones en el sostenimiento de bocinas corruptas y de peor calaña que él.

Pero algo le dijeron. El cambio de comportamiento y el semblante es inocultable. Fueron y han sido muchas las noches de mal dormir reflejadas en su añejo rostro y comportamiento. Abrumado por las realidades que siempre apadrinó para lo cual se volvió ciego, sordo y mudo. Me parece que en ocasiones hasta torticolis debió de haberle producido el voltear tanto y tantas veces la cara para no ver lo que tenía que mirar.

Su clásica soberbia, producto de tantas malas noches atormentado por los hechos que lo acosan, dobló, al igual que su cuerpo, ese carácter satánico que siempre lo acompañó.

Fue tal su descalabro, que muchos llegaron a pensar que tenía una enfermedad incurable pero, como supuestamente es creyente – y de seguro buen aportador a su iglesia o pastor-, al parecer, se produjo un milagro, aunque no creemos que el mismo haya venido de su Dios, cual que este sea, sino, más bien, de aquí mismo, de esta tierra, donde todo se produce y todo se consume.

Eso nos pone a pensar, que quizás recibió algún tipo de sinapismo, al igual que otros allegados a él, incluyendo a las pécoras perversas y de ambiciones sin límites, con las cuales compartió hombro con hombro, cegueras y silencios cómplices. La cuestión es que “eso” le ha permitido volver a respirar con cierta tranquilidad, después de haber repartido el erario a todo aquel que le solicitó una sinecura como recompensa por haber buceado entre silogismos y hermenéuticas, todo con el fin de tratar de mantener un poder eterno, corrupto  y hereditario, por demás.

Así mismo es, inocultable su comportamiento gesticular y físico, porque aun cuando los morteros comenzaron a caerle cerca, muy a pesar de eso, continuaba sintiéndose seguro, altanero, prepotente, fuerte e intocable, hasta que comenzaron a caer aquellos que estaban en su espalda y su alrededor, todo esto sin poder negarlo.

El terror comenzó a adueñarse de él y esa realidad tangible, lo hizo comenzar a encogerse como una jagua vieja.

Y es que no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir, ya visualizaba su triste, vergonzante e inevitable destino, cuando, de improviso, sucedió un milagro –aunque personalmente no crea en eso-, volvió a lanzarse al ruedo, rejuvenecido, volvió a dormir, acicalarse, le volvió su carácter enigmático y su supuesta bravura con el mismo lenguaje desabrido y soso, hasta amenazando con volver y volver. En fin, la pregunta final es: ¿Quién le puso el cataplasma o le dijo las palabras sanadoras y salvadoras que volvieron a traerle su paz? No lo sé, pero lo intuyo. ¡Sí señor!

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

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