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La familia de Francisco del Rosario Sánchez exonera a Pedro Santana    –


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El autor es ingeniero civil. Reside en Santo Domingo

Un error común de los historiadores dominicanos sin una buena formación, consiste en creer que los personajes del pasado pensaban como hoy lo hacemos nosotros en las actuales circunstancias. (Pedro Manuel Casals Victoria)   

Veamos antes, también, este razonamiento de don Manuel de Js. Goico Castro: “El examen ecuánime de la historia nos obliga a proclamar que para emitir un juicio sobre Santana es indispensable conocerlo y ubicarlo dentro del marco de su época. Ese discutido personaje vivió y actuó durante un período de nuestra historia en que no hubo paz, por la sencilla razón de que estábamos en guerra con una nación fronteriza y era necesario contener el avance agresivo de sus ejércitos, preparados siempre para acometer. En esa situación era imposible ejercitar la vida del Derecho. Las facultades del ciudadano tenían que mantenerse limitadas, pues cuando existe en un país un estado de guerra internacional, las garantías y los derechos ciudadanos no pueden ejercitarse a plenitud”.   

Dos graves acusaciones, entre otras, se le hacen al general Pedro Santana Familia, por parte de sus adversarios de ayer y de hoy, y son las culpabilidades por las muertes de María Trinidad Sánchez y los hermanos José Joaquín y Gabino Puello.

Los narradores, cronistas y expositores de éstos y otros hechos similares atribuidos puntualmente a esta tan polémica figura de nuestra historia, pueden esmerarse más y mejor en hurgar y ahondar en la personalidad, carácter, actuación pública y circunstancia del general Santana, cuando sabemos que nunca procuró el poder para sí propio y fue buscado siempre para que nos dirigiese por sus atributos de hombre de mando, honesto, valiente y desinteresado.

Pedro Santana

 

Renunció al poder las cuatro veces que lo alcanzó y vemos esto último como un caso único en la historia de la Humanidad. Entonces apreciamos como extrañas, carentes de fundamento o superficiales, aquellas acusaciones acaecidas en una época en donde el proceso político y militar nuestro pasaba por un perenne estado de guerra internacional, conjuras de golpe de Estado y graves diferencias políticas entre diversos sectores de la pequeña sociedad dominicana de aquellos tiempos.

Parte de los descendientes indirectos de Trinidad Sánchez, en el pasado y el presente, aseguran que Santana fue ajeno a esas muertes, que el Libertador se encontraba en Santiago, y que cuando llegó a la capital y se enteró de los fusilamientos, se asqueó de ésto. Lo cierto es que el prócer Francisco del Rosario Sánchez, sobrino de Trinidad, no le guardó nunca rencor a Santana por estos sucesos, pues en el año 1853 le felicitó públicamente.

Los abogados Juan Nepomuceno Tejera y Félix María del Monte, defensores de Trinidad Sánchez y demás condenados a muerte, ruegan al Presidente el indulto de los conjurados reconociendo que los reos han sido “condenados justísimamente al último suplicio» y expresan que ellos están “convencidos de la legalidad de la sentencia”.

En el diario El Caribe, en fecha 18 de octubre de 1956, aparece una carta-documento bajo la firma del Lic. Carlos Sánchez y Sánchez, nieto del prócer Francisco del Rosario Sánchez, e hijo del general y ex canciller Juan Francisco Sánchez, donde expone lo siguiente: “Afirmo que es cierto que mi padre muriera creyendo que Santana no había tenido culpa en el fusilamiento de María Trinidad Sánchez porque así me lo dijo repetidas veces, y mi abuelo (Sánchez) comprendiendo que con ello aceptaba el hecho, tuvo también la misma creencia, que transmitió a su familia, porque la verdad se guardó cuidadosamente por mucho tiempo, parece que hasta la publicación hecha en La cuna de América, por don Emiliano Tejera, el 22 de mayo de 1914”.    

Francisco del Rosario Sánchez

Como hemos visto apreciado lector, esta es la verdad valedera y no la histórica que nos han obligado a creer. Como dijo el historiador francés Jules Michelet: “la verdad histórica nunca acaba por ser la verdad real”.  

En el segundo caso, hago la siguiente reflexión:

Si el general Santana ordenó ejecutar a los hermanos Puello, entonces cómo se explica que el tercer hermano, Eusebio Puello, se haya unido a la anexión a España, “gestionada” por Santana, y luego se retirara junto con los españoles para Cuba, al concluir la guerra restauradora.

La verdad es que tanto en una como en la otra demanda, vemos inconsistencias, simplezas, algo no nos cuadra. ¿No merece, estimado lector, la historia dominicana una revisión de arriba hacia abajo, exhaustiva, como se hace en México con Porfirio Díaz, y en Argentina con Juan Manuel de Rosas?

Por otro lado:

En las comunicaciones de hechos importantes ocurridos en el país, que los cónsules extranjeros reseñaban a sus respectivas cancillerías, el representante de Francia Eustaque Juchereau de Saint Dennis, confirmaba que la caballería proveniente de El Seibo comandada por los hermanos Pedro y Ramón Santana, se presentó a la Puerta del Conde, en la madrugada del día 28 de febrero.

También, amigo lector, aquí cabe una nueva reflexión: si siempre se nos ha dicho que la Independencia fue proclamada la noche del 27 de febrero, en la cual Mella tiró su fogonazo en la Misericordia y Sánchez su discursazo en la Puerta del Conde, entonces de qué forma o manera pudo Santana presentarse aquí al clarear el alba del día 28 procedente de El Seibo, estando el país ocupado por Haití, ¿si en esa época no había aviones ni camiones ni ferrocarriles?  Y tampoco fueron héroes mitológicos para desplazarse sobre centauros o alfombras mágicas y llegar en el momento preciso a Santo Domingo. Realmente, ¿qué ocurrió ahí?

Cabe suponer que la Independencia fue proclamada primero en El Seibo el 25 de febrero, como nos lo narra don Vetilio J. Alfáu Durán en La Alborada del Seibo (La Nación, 25 de Diciembre 1943): El día 25 de febrero de 1844, en la noche, la gente de la Candelaria, de Magarín, de Isabelita, de San Francisco y de La Higuera, bajo el mando de Pedro Santana, penetra en la población por el lado del cementerio y por Asomante. Los haitianos se llenan de pavor y los muertos ruedan sobre las calles erizadas de guijarros. La voz potente de Ramón Santana, movido de compasión, grita a todo pulmón: no maten más”.   

Podríamos conformarnos con el razonamiento de don Manuel Ubaldo Gómez, estimado lector, al decirnos que todo lo relativo a la alborada del Seybo fue cierto, pero como la dirección del movimiento estaba en Santo Domingo, la gloria pertenece exclusivamente a los trinitarios.

De todo este concepto, parece desprenderse lo siguiente: Mella, a las 11 de la noche del día 27, disparó su trabuco en la Puerta de la Misericordia y Sánchez, a las 3 de la madrugada del día 28, dió su arenga en la Puerta del Conde, porque ambos sabían o tenían seguras evidencias de que la cabalgata del general Pedro Santana ya estaba acercándose a las murallas de la capital, después de éste haber pronunciado a El Seybo, Los Llanos y Hato Mayor, los días 25 y 26 de febrero.

Por hoy, detengamos aquí este esfuerzo, para que los amigos y familiares que nos leen puedan respirar, discernir y pensar en estas líneas, que para muchos vendrían a ser nuevas y hasta sacrílegas para otros. Nos veremos pronto en estos temas.

Antes de finalizar, permítaseme despedir este trabajo con una opinión sobre el general Santana que nos da el general restaurador Gregorio Luperón:

“Gobernó cuatro veces constitucionalmente la nación; la salvó de las invasiones haitianas con gran dignidad, pujanza y valor. Fundó el ejército y la marina, la probidad en la Hacienda Pública, la equidad en la justicia y el respeto a las leyes y a las propiedades; infundió verdadera moralidad y honradez a las masas y fue el mandatario de más prestigio y popularidad que se ha conocido” .

JPM

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