Opiniones

Tarjetas en lugar de cajas


Por segundo año el Gobierno anuncia la distribución de tarjetas de RD$1,500 como un bono navideño para que familias pobres adquieran alimentos para las fiestas.
Es una manera, según lo anunciado, de evitar las aglomeraciones y el trato denigrante a miles de personas que pugnan por una caja con comestibles para la ocasión.

Esa fue la inspiración de cambiar las cajas por tarjetas, lo que ha tenido mucha aceptación en sectores activos de la población, en especial de la sociedad civil, aunque con críticas por el exiguo monto y porque además está limitada a solo una por familia.

Otras críticas se han centrado en su distribución, porque una apreciable proporción fue a parar a manos de legisladores, alcaldes y miembros del PRM, pese a que la promesa inicial fue que se entregarían a través de organizaciones comunitarias o religiosas.

Aun con lo bien intencionado del método de tarjetas en lugar de cajas, no vemos cambios de importancia en la práctica de la dádiva en política, porque el cambio se nota más en la forma que en el fondo.

Aprovechar las necesidades de los sectores más vulnerables de la población, con una manera cuestionable para controlar e influenciar, ha pervivido en todos los gobiernos y se puede asegurar que es parte sustancial de la política criolla.

Las grandes masas han sido acostumbradas al “dao”, a lo regalado, lo que crea una mentalidad difícil de cambiar y que utilizan hasta los políticos que reniegan de esa modalidad supuestamente por degradante, pero no se resisten y, por lo bajo, “alimentan” una manera de aprovecharse de la miseria de la gente.

Se recordará que en los gobiernos de Danilo Medina la única diferencia fue que él en persona no se involucraba, pero como hombre práctico dejaba hacer.

Sus opositores siempre lo veían como algo característico de la “Era de Balaguer”, pero sus continuadores incluyeron hasta sus fotos impresas en las cajas.

Anhelamos una verdadera reducción de la pobreza, más empleos para todos, para que desaparezca esta práctica abominable y nuestros políticos dejen de ser los “reyes magos” que reparten miseria.



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