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Educar para la paz, un tema humano pendiente (1 de 2)


Julio Sosa y Carlos Gardel recurrieron a un recurso contrafactual del análisis histórico al cantar la composición de Enrique Santos Discépolo denominada Cambalache que, aunque se estrenó en el Teatro Maipo de Buenos Aires, Argentina, cantado por Sofía “La Negra” Bozán, esta canción fue una premonición de lo que sería el siglo XX.

Este siglo XX tuvo un carácter multifacético, se produjeron las grandes guerras, se multiplicaron las violaciones y laceraciones de los derechos humanos, se sucedieron varias declaraciones de derechos: humanos, del niño, de la mujer. También el siglo es la época de la globalización, de la sociedad del conocimiento, dominada por la tecnología de la información y la comunicación. En la segunda mitad de este siglo las fuerzas del mercado neoliberal han trazado pautas, se han colocado por encima de los derechos democráticos y humanos, se ha estado construyendo un capitalismo sin ciudadanía ni ética.

A pesar de los grandes progresos del primer mundo, las inequidades y la exclusión empujan a grupos sociales a la confrontación y la sobrevivencia. Finalizó la guerra fría, pero el mundo está salpicado de manifestaciones de violencia, racismo, xenofobia, nacionalismos agresivos, violación de los derechos humanos, intolerancia religiosa (UNESCO , 1994) y un estado de inequidad insoslayable.

Ante esta realidad latente, caracterizada por múltiples manifestaciones expresadas en el mundo, desde principio del siglo XX, provocaron que la UNESCO promoviera una cátedra de educación para la paz que orientara a los ciudadanos a la coexistencia civilizada y la promoción de los derechos humanos.



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