Una muestra que predecía lo que sería.-

    Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
    (rafaelelpiloto1@hotmail.com).-

    Para mí, la vida, junto con su alma a la cual llamamos naturaleza, es una constante en tratar de enviarnos señales del por qué tal o cual cosa hará diferentes tipos de acciones, ya sea en el momento o un futuro cercano o no. Pero en la mayoría de los casos una inmensidad de estas señales las dejamos pasar sin darle la debida importancia a pesar de que, cuando lo hacemos, después nada nos es extraño porque el mensaje fue claro.

    Algo así ocurrió una bella mañana dentro del vehículo mientras bajamos por las lomas de Constanza-Casabito y observo la Niña a mi derecha y su discusión con la madre, donde solo -en principio- atine a sotorreir.

    Pero pasan los kilómetros y el tiempo transcurre en esa carretera que en aquellos tiempos, era prácticamente una odisea transitar por ella, entre curvas que te sorprendían con sus continuos deslaves aún más peligrosos que los mismos giros, es decir, que la velocidad brillaba por su ausencia pero, sin que la discusión llegara a un fin, razón por la cual decido introducirme en la misma.

    ¿Qué es lo que está pasando, cuál es el problema? ¡Claro está, que lo conocía, más bien, buscando una vía por donde tener participación dentro del debate!; ¿y bien? La Madre, medio contrariada responde que ya solo le queda un pampers a la niña y está jugando con él y mirando entonces a la pequeña le riposta ¡si continuas te vas a quedar sucia, porque no hay más!

    Se produce un silencio de misterio, como si la discusión hubiese llegado a su fin pero con cierto sabor amargo en alguna parte y es entonces cuando me dirijo a Rissel, quizás como una forma de recriminación o de desafío a su comportamiento rebelde; pero, ¿es que no te da vergüenza, ya tú con tres años y continuas chupándote ese dedo y usando pampers? ¡A mí me daría vergüenza!

    Después de esto, no recuerdo si fueron segundos o minutos, pero fueron largos en los cuales Rissel permaneció callada, pero sé, cual que fuera el tiempo que transcurrió, que fue significativo, como esos tiempos cuando se toman decisiones importantes y que son ponderadas, de esas que dejan huellas quizás para el resto de la vida.

    Vale decir que en esos tiempos, era un placer disfrutar de la temperatura y el paisaje en esa parte de la montaña conduciendo con los vidrios bajos. Un exquisito placer. Pero abruptamente, el silencio fue roto por una alterada exclamación de la Madre: ¡Pero Rissel, que has hecho, ese era el último pampers y ahora! Suspenso y una rápida parada hasta ante la situación que acaba de ocurrir; había lanzado el pampers por la ventana, diciendo, adiós pampers adiós, ¡No uso más pampers! ¿Pero Rissel? ¡Dije no uso más pampers! Permanecí en silencio sin saber si reír o qué hacer, pero la cuestión fue, que nunca jamás, volvió al uso del dedo ni los pampers.

    Por cosas así es que siempre existe un antes y un después. Rissel continuó por mucho tiempo siendo una niña, todo una niña con responsabilidades y demostró que todos mis esfuerzos habían valido la pena, porque mi niña era ya toda una mujer y no cualquiera, sino una de acero, pero maleable, tierna, apacible y amorosa, como tenía que ser.

    No uso más pampers y esa fue la primera muestra de responsabilidad, de carácter, de entereza, con una fortaleza de guerrera y virtudes, todo esto, sin dejar de ser humana. Gloria a quien lo merezca, pero le doy las gracias por el hecho de ser padre de Rissel, hermosa realidad que me motiva a decir cosas que no puedo explicar con palabras, pero si con intenciones.

    Fue un botón de Príncipe negro que he visto paso a paso formarse en una bella flor; cada día más bella y tierna, en fin, en un cofre ahíto de bondades y dulzuras que resaltan en medio de este mar de sargazos en el cual vivimos.

    Otro cumpleaños y otro momento para pensar que aquella niña gordita y de fuerte carácter, hoy, ya es toda una mujer. Y parodiando una vieja canción decir; Quería pararla en el tiempo, pensando que no debería crecer, pero el tiempo me estuvo engañando, porque mi niña se me hizo una mujer. Qué bien. ¡Sí señor!.



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